TU CARA, TU REVÉS

Tres historias reales sobre lo que ocultamos (y el coaching nos ayuda a integrar)

 

Por William Saavedra Pesantes – ERUNAC

Por esas casualidades que da la vida, y a mis cuarenta y pico de años, fui testigo de situaciones que me llamaron la atención. Hoy que las traigo al recuerdo, las cuento con la intención de que conozcas una parte de esa debilidad mortal que, aunque no queramos aceptar, nos habita.

Y sí, quizás como tú, que has leído libros, tomado cursos, pero sigues sintiendo que algo no termina de encajar.

He conocido gente de todo, como tú seguro. Desde atorrantes, soberbios, vanidosos, prepotentes, hipócritas, egoístas, intolerantes… pero también gente sencilla, sincera, gentil, educada y respetuosa.

Sucede que, de todos estos personajes, algunos los conocí en un ámbito muy cercano, lo que me permite recrear la historia y contarte cómo exactamente sucedieron.

 

El político que se olvidó de dónde venía.

Un periodista dejó su oficio por la política y terminó dedicándose a la docencia universitaria. Lo conocí en las aulas. Llegaba por la noche, después de sus labores congresales, y desde que bajaba de su vehículo hasta que ingresaba al salón, se aparecía bien orondo, acompañado de su seguridad personal, quien llevaba su maletín y, a veces, su abrigo. Y cuando su jefe lo requería, el mismo hacía que el café endulzado llegara hasta el pupitre.

Como diría un amigo, «era bien pana el pata». Le gustaba tirarse flores y cada vez que podía, hablaba de sus aportes y de las propuestas que le hicieran muchos gobiernos para tenerlo como ministro. Propuesta que, según él, siempre rechazó.

Aquí lo dejo.

 

Reflexión para ti

¿Cuántas veces construyes una fachada de poder para no enfrentar tu vulnerabilidad? En coaching llamamos a esto «la máscara del experto». El verdadero liderazgo no necesita seguridad personal que lleve el maletín. Necesita seguridad interna. Esa que permite decir «no lo sé» o «ayúdame a verlo».

Si eres profesional independiente o ejecutivo con trayectoria, pregúntate: ¿hablas de tus logros porque suman o porque temes que sin ellos no valdrías lo mismo?

 

El actor que humilló sin querer queriendo.

Era domingo y, como de costumbre, los clientes empezaron a llegar desde muy temprano a una de las cafeterías más exclusivas de Miraflores, donde los amantes del buen café y la tertulia se reunían para pasar un rato ameno, solos o en familia.

Esa mañana había ido Lalo, un actor de telenovelas muy reconocido por entonces. Estaba en su mesa, disfrutando de un cortado y leyendo el periódico, cuando en la mesa contigua una familia con niños pequeños desayunaba. 

De pronto, el padre reconoció al actor y animó a sus hijos:

-Vayan y saluden al señor, que sale en la tele.

Los niños se acercaron con ese brillo en los ojos que solo tienen los pequeños cuando admiran alguien. La respuesta fue seca:

-No, yo no soy él. Yo soy de otro planeta.

Volvieron cabizbajos. La familia término el desayuno y se retiró.

El mozo, que había sido testigo de la escena y conocía al autor, lo increpó:

-¿Cómo es posible que le digas eso?

Lalo, tarde, reconoció que no había sido adecuado.

 

Reflexión para ti

Este es un ejemplo brutal de falta de sintonía emocional. Esos niños no le pidieron fama. Le pidieron humanidad.

En coaching trabajamos la empatía como una competencia entrenable. ¿Qué pasa en ti cuando, en lugar de honrar la admiración o la confianza de otros, respondes con un gesto de superioridad?

El ego herido, el mal día o la fatiga no son excusa. La coherencia se prueba en los pequeños gestos, especialmente con quienes no pueden devolverte nada. Un verdadero líder no es quien más aplausos recibe. Es quien no aplasta a quien lo admira.

 

El diplomático que pagaba con su firma.

Un político y diplomático de carrera, parlamentario y representante del país en varios gobiernos. Cuando lo conocí, estaba desempleado. Las pocas veces que lo vi entrar al establecimiento, miraba si había algún conocido y se retiraba.

Un día pidió un café, El Comercio, y se sentó una hora. Al pedir la cuenta, firmó una servilleta y la puso en el estuche. El mozo volvió y le dijo que debía pagar. Él respondió: «Con mi firma basta. Dile al cajero que mañana regreso».

El administrador salió, lo miró, y con un guiño me dijo: «Ajá, eras tú».

 

Reflexión para ti

Creer que tu nombre vale más que tu palabra es un síntoma clásico de inflación del ego. El coaching nos invita a una pregunta incómoda: ¿mis acciones honran mi palabra o la desprecian?

La reputación no es lo que dices de ti mismo. Es lo que otros ven cuando crees que nadie te mira. Pagar una cuenta con una servilleta firmada no es un gesto de grandeza. Es un acto de desconexión con la realidad.

Y lo más triste no es la anécdota. Es que alguien, en algún momento, dejó de decirle «no» a tiempo.

Si algo me enseñaron estos años de observar caras y reveses, es esto: el estancamiento no es falta de voluntad. Es falta de claridad. Y la claridad no llega con otro curso. Llega cuando alguien te acompaña a mirar sin miedo lo que estás evitando.

Siempre he creído en quienes te hablan con verdad, te miran fijamente, reconocen sus falencias e intentan ser mejores. Lo que no acepto es que algunos, empecinados en su porfía, hagan de su vida una quimera.

Comprendí que el mismo modus operandi está en todos los ámbitos: en casa de mis amigos de blanco, en el trabajo, en la política. Siempre hay gente que se afana por mostrar la mejor cara, cuando en el fondo tiene otras intenciones.

Ojalá algún día esto cambie. Los niños son el futuro, pero los jóvenes son el presente. Y nosotros, los de cuarenta y pico, todavía estamos a tiempo de decidir.

Por eso nace ERUNAC. No para juzgar las caras ni exhibir los reveses, sino para acompañarte a mirarlos sin miedo.

William Saavedra Pesantes

Escritor de oficio, coach por convicción. Detrás de ERUNAC hay alguien que ha visto la cara y el revés de muchos, y eligió ayudar a otros a mirarse sin miedo.

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