MALALA Y EL LÍDER QUE LLEVAS DENTRO

Lecciones de propósito, miedo y coherencia para quien aún no renuncia a transformar su vida.

 

Por William Saavedra Pesantes – ERUNAC

Cuando hablamos de Malala Yousafzai, solemos pensar en la niña que recibió un disparo por defender la educación de las mujeres en Pakistán. Y está bien. Pero si nos quedamos solo con eso, nos perdemos lo más importante.

Malala no es un símbolo de lástima.

Es un símbolo de decisión.

Y ese es el tema que quiero traer a ERUNAC: la decisión de liderar tu propia vida, aunque el mundo te diga que no es tu momento.

Malala comenzó su lucha a los 11 años. Once. Una edad en la que muchos niños apenas saben qué quieren de regalo de cumpleaños.

Ella ya sabía que quería ir a la escuela. Y que no era un privilegio, sino un derecho.

“Lo que significó que su corta edad no fue un impedimento para hacerse sentir y trascender, todo lo contrario, fue el pretexto ideal para hablarle al mundo de su realidad.”

 

Reflexión para ti

Tú tienes 40 y pico, o quizás más. Ya no eres un veinteañero con tiempo de sobra para probar y errar. Cada intento fallido ahora pesa. Pero aquí está lo que Malala te enseña: no necesitas más tiempo. Necesitas una decisión.

 

¿Cuántos años tienes tú? ¿Y aun así sigues esperando «el momento adecuado» para empezar aquello que sabes que necesitas cambiar?

El liderazgo consciente no espera. No espera que los hijos crezcan. No espera que termine el proyecto. No espera que baje la ansiedad.

Empieza donde estás. Con lo que tienes. Como Malala, con 11 años y un blog.

Malala encontró en un blog el medio para alzar su voz.

Un blog. El mismo instrumento que tú usas hoy en ERUNAC.

No tenía ejército. No tenía dinero. No tenía contactos internacionales. Tenía una historia real y la valentía de contarla.

“Ahí estuvo ella, lidiando una dura batalla por el respeto a su derecho de las niñas a asistir a la escuela en su país.”

 

Reflexión para ti

Tu herramienta también es la palabra. Tu historia. Tu mirada. Tu capacidad de observar el mundo y devolverlo transformado en relato.

 

Pero una pregunta incómoda: ¿Estás usando tu palabra para transformar o solo para sobrevivir? ¿Para crecer o solo para quejarte? ¿Para inspirar o solo para desahogarte?

Porque la palabra, cuando es honesta, construye. Cuando es coherente, libera.

El 9 de octubre de 2012, un talibán subió a un autobús escolar, preguntó por Malala y le disparó en la cabeza. No falló. Le dio.

Pero Malala no murió. Y lo que dijo después es una de las frases más poderosas que he leído sobre el miedo y la transformación:

“A partir de ahí surgieron mil voces: La debilidad, el miedo y la desesperanza murieron, pero la fuerza, el poder y el coraje nacieron.”

 

Reflexión para ti

El coaching no elimina el miedo. Te enseña a caminar con él.

Malala no dejó de tener miedo. Aprendió a usarlo.

 

¿Y tú? ¿Cuántas balas simbólicas has recibido?

Un negocio que no funcionó. Una oportunidad que dejaste pasar por indecisión. Un proyecto que abandonaste a medio camino. Esa bala no te mató. Pero te dejó más cauto, más temeroso, más paralizado.

Malala no se curó del miedo. Aprendió a moverse con él. Y de su herida nacieron mil voces. ¿De la tuya, qué puede nacer si decides acompañarte bien?

 

Malala no estuvo sola. Detrás de ella había una familia, principalmente su padre Ziauddin, que en una sociedad machista decidió apoyar la libertad de su hija. “Un hombre que pese a vivir en una sociedad de extremo machismo, se mostró siempre abierto y respetuoso de las libertades de su hija.”

 

Reflexión para ti.

Como profesional independiente o ejecutivo con trayectoria, probablemente estás acostumbrado a resolver todo solo. Pero el liderazgo consciente no es un acto solitario. Es también saber elegir a quién dejas entrar.

Pregúntate: ¿Quién está en tu círculo? ¿Te impulsan o te frenan? ¿Te dicen «puedes» o te susurran «mejor no te arriesgues»?

No necesitas un padre como el de Malala. Necesitas un coach, un amigo, un espacio donde puedas bajar la máscara y decir: «Estoy estancado y no sé por dónde empezar».

Lo más asombroso de Malala no es que sobrevivió. Es que no guardó rencor.

“Su gran corazón también le hizo decir que no existe la palabra rencor, y que en ella no hay un ápice de venganza.”

¿Cuántos adultos exitosos conoces que viven amargados? Que lograron mucho, pero no perdonaron nada. Que escalaron, pero arrastran un odio silencioso.

 

Reflexión para ti.

El verdadero liderazgo no destruye al que lo atacó. Construye a pesar de él.

La coherencia no es solo decir la verdad. Es también no volverse como quien te dañó. Esa es la prueba final de la transformación: no lo que lograste, sino en quién te convertiste en el camino.

Pedro, Ana, tú que estás leyendo esto y sientes que el tiempo se te escapa: no necesitas otra teoría. Necesitas un método y un acompañamiento que entienda tu contexto, tu edad, tus miedos y tus ganas.

Malala tenía 11 años. Tú tienes 40 y pico. Y aun así, sigues aquí. Buscando. Porque sabes que todavía puedes.

No te pido que salgas a una calle a enfrentar talibanes. Te pido que te enfrentes a tu propio miedo. A tu propia hipocresía. A tu propia espera infinita.

Porque liderar tu vida no es un acto heroico. Es un acto cotidiano de coherencia. Y eso, amigo lector, se entrena. No se nace. Se decide.

Por eso nace ERUNAC. No para juzgar las caras ni exhibir los reveses, sino para acompañarte a mirarlos sin miedo.

 

William Saavedra Pesantes

Escritor de oficio, coach por convicción. Detrás de ERUNAC hay alguien que ha visto la cara y el revés de muchos, y eligió ayudar a otros a mirarse sin miedo.

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