EL PERFIL DEL LIDER QUE NO QUEREMOS SER

3 lecciones desde América Latina para Convertirte en un Agente de Cambio Auténtico.

 

Por William Saavedra Pesantes

Fundador de ERUNAC

⏱️ 6 min de lectura

(Artículo basado en mi trabajo final del Diplomado en Marketing Político que cursé).

 

El espejo del liderazgo

¿Alguna vez has seguido a alguien solo por su carisma, para luego descubrir que te llevó por un camino equivocado? Si es así, este artículo te interesa. Y si aún no te ha pasado, también: porque reconocer al líder equivocado a tiempo es la primera habilidad de un verdadero agente de cambio.

Precisamente por eso, como coach, mi objetivo en ERUNAC es que aprendamos a transformar nuestra realidad desde adentro. Para lograrlo, no basta con estudiar lo que hacen los buenos líderes; también debemos analizar con lucidez lo que hacen los malos líderes, esos que tuvieron poder, pero lo ejercieron mal.

En ese sentido, quiero compartir contigo un análisis que realicé durante mi diplomado en Marketing Político. Analicé a tres líderes latinoamericanos —Fujimori, Chávez y Vizcarra— que representan, cada uno a su manera, arquetipos del líder equivocado. Ahora bien, no hablaremos de política partidaria. En cambio, lo haremos desde la psicología del poder, el liderazgo tóxico y esas banderas rojas que debemos aprender a ver, tanto en los demás como en nosotros mismos.

Finalmente, mantendré las fuentes académicas que sustentan este análisis. ¿La razón? Porque el cambio real nace de la reflexión informada, no de las opiniones vacías.

 

El caldo de cultivo del mal liderazgo.

Para entender por qué ciertos líderes fracasan estrepitosamente —aun teniendo popularidad—, conviene recordar el contexto en el que surgieron. Así pues, retrocedamos unas décadas.

En los años 70 e inicios de los 90, gran parte de Latinoamérica estuvo gobernada por dictaduras militares: Videla en Argentina, Pinochet en Chile, Stroessner en Paraguay, entre otros. Sin embargo, no se trata de hacer un juicio histórico abstracto. Lo que interesa aquí es una lección universal: en contextos de miedo, crisis económica o caos institucional, muchas personas están dispuestas a ceder libertades a cambio de orden.

De ahí la primera gran advertencia para cualquier agente de cambio: el liderazgo auténtico no aprovecha el miedo para dominar, sino que construye desde la esperanza para empoderar. O, dicho de otro modo: una crisis puede revelar a un líder, pero también puede fabricar a un tirano si no estamos atentos.

A continuación, veremos cómo tres figuras políticas encarnaron distintas versiones de ese «líder equivocado». Pero ojo: no se trata de señalar con el dedo, sino de mirarnos al espejo.

 

 

Tres arquetipos del líder equivocado.

 

Alberto Fujimori – El líder eficiente pero antidemocrático.

Fujimori llegó al poder en un Perú devastado por la crisis económica y el terrorismo. Como bien documenté en mi análisis, logró resultados concretos: pacificó el país, estabilizó la economía y resolvió el conflicto limítrofe con Ecuador. Sin embargo, el precio fue altísimo: cerró el Congreso, controló los medios de comunicación, usó «diarios chichas» para manipular la opinión pública y, finalmente, intentó perpetuarse en el poder mediante un fraude electoral.

¿Qué lección de liderazgo extraemos de aquí? Muy sencilla: la eficiencia sin ética no es liderazgo, es autoritarismo con maquillaje.

Fijémonos en un detalle clave que describí en mi trabajo: Fujimori vestía de jeans y botas, recorría el país personalmente, se mostraba como un hombre de acción. Eso, precisamente, era lo que la gente necesitaba ver. Pero cuidado: la cercanía no es lo mismo que la transparencia, y los resultados a corto plazo no justifican el atropello a las reglas.

Ahora te pregunto a ti, lector de ERUNAC:

¿En tu trabajo o en tu comunidad, has priorizado alguna vez «llegar rápido» aunque fuera saltándote protocolos o ignorando a tu equipo?

Si la respuesta es sí, no te alarmes. Lo importante no es la perfección, sino la conciencia. Un agente de cambio se pregunta siempre: «¿Los medios que uso para lograr mis metas construyen o destruyen la confianza de los que me rodean?»

En resumen: Fujimori nos enseña que el fin no justifica los medios, porque los medios se convierten en cultura. Y una cultura de manipulación y control termina siempre por devorar al líder.

 

Hugo Chávez – El líder carismático, pero polarizador.

Pasemos ahora al segundo arquetipo. Chávez irrumpió en Venezuela tras un fallido golpe de Estado y luego ganó elecciones democráticas. Sin duda, tenía un don innegable: conectaba con las clases populares, hablaba un lenguaje sencillo y directo, y creó programas sociales (las «misiones») que mejoraron la vida de muchos.

Hasta ahí, todo bien. El problema comenzó cuando ese carisma se volvió excluyente. Chávez dividió al país entre «el pueblo bueno» y los «oligarcas escuálidos». Llamó golpistas, fascistas y conspiradores a quienes pensaban distinto. Cerró medios de comunicación, encarceló periodistas y obligó a radio y televisión a transmitir su programa «Aló presidente».

¿Qué nos dice esto sobre el liderazgo? Algo muy profundo: el carisma sin humildad es un arma de división masiva.

Reflexionemos juntos. En nuestros equipos, familias o proyectos, ¿no hemos visto a alguien que usa su simpatía para crear bandos? «Los que están conmigo» vs. «los que están contra mí». Esa dinámica, aunque parezca efectiva en el corto plazo, envenena cualquier organización.

Por eso, un agente de cambio auténtico tiene convicciones firmes, pero también escucha al crítico, integra al disidente y construye puentes en lugar de trincheras. Como bien lo decía mi abuela: «El que necesita aplastar a otros para sentirse grande, en realidad es pequeño».

En conclusión: Chávez nos recuerda que el verdadero poder no está en silenciar al que piensa distinto, sino en crear espacios donde quepamos todos, incluso en desacuerdo.

 

Martín Vizcarra – El líder populista que termina creyéndose su propia mentira

Finalmente, abordemos el tercer arquetipo, quizás el más sutil y, por lo mismo, el más peligroso en entornos cercanos.

Martín Vizcarra asumió la presidencia del Perú tras la renuncia de Kuczynski. Desde el primer momento, levantó una bandera impecable: «lucha frontal contra la corrupción». Su discurso era directo, franco, incluso agresivo: «No me tiembla la mano», «Yo me debo al pueblo», «No a la impunidad». ¿El resultado? Logró un respaldo masivo, cerró un Congreso que le estorbaba y se convirtió en el político más popular del país.

Sin embargo, la historia dio un giro cruel. Como lo documenté en mi trabajo original, Vizcarra terminó siendo investigado y luego impedido por corrupción y tráfico de influencias, tanto en su gestión presidencial como en su etapa como gobernador regional.

¿Qué lección de liderazgo dejamos aquí? Una incómoda pero necesaria: muchas veces, el discurso más duro contra los corruptos es solo una cortina de humo para esconder las propias sombras.

Y aquí quiero detenerme, porque esto toca algo personal para cada uno de nosotros. ¿Cuántas veces hemos justificado nuestras malas acciones señalando con el dedo a otros? «Sí, llegué tarde, pero mira lo desordenado que es él». «Sí, exageré, pero ella empezó».

Eso, querido lector, es el populismo aplicado a la vida cotidiana: usar la culpa del otro para evadir la propia responsabilidad. Un agente de cambio, en cambio, practica la coherencia selectiva inversa: es más duro consigo mismo que con los demás.

En síntesis: Vizcarra nos enseña que el liderazgo no se construye sobre las ruinas de los demás, sino sobre las propias obras. Y que una bandera de «honestidad» ondea muy bonito, pero si el mástil está podrido, terminará cayendo.

 

¿Qué tipo de poder estás cultivando? 

Hasta aquí, hemos visto tres arquetipos. Ahora conviene ir un paso más allá y preguntarnos: ¿desde qué fuentes de poder ejercían estos líderes?

Fujimori usó el poder de autoridad por resultados. Funciona, sí. Pero es un poder frágil si no va acompañado de legitimidad ética.

Chávez usó el poder coercitivo y el carisma unilateral. Es el más adictivo para quien lo ejerce, pero el más destructivo para el equipo.

Vizcarra usó el poder de la comunicación emocional sin anclaje en la verdad. Es el más engañoso, porque puede movilizar multitudes hacia un espejismo.

Entonces, ¿qué poder debería cultivar un agente de cambio? La respuesta no es eliminar el poder, sino elegir sus fuentes con conciencia.

En mi experiencia como coach, los líderes transformadores trabajan dos tipos de poder:

  1. El poder referente (basado en el ejemplo personal, en la coherencia).
  2. El poder experto (basado en conocimiento, vocación de servicio y humildad para seguir aprendiendo).

 

Dicho de otro modo: no se trata de no tener poder, sino de no dejarse corromper por él. Y eso —permíteme la honestidad— solo se logra con formación constante, compañeros que te confronten con cariño y una vida interior cuidada.

 

Conclusión: la elección es tuya.

Para terminar, quiero volver a una idea central que planteé en mi artículo original y que ahora, para ERUNAC, adquiere un nuevo sentido:

«Es el perfil del líder equivocado que podemos elegir, cuando dejados por la emoción, hacemos de lado su propuesta, su trayectoria y sus antecedentes.»

Pero hoy añado algo más: también podemos convertirnos en ese líder equivocado sin darnos cuenta, si no hacemos un trabajo constante de autocrítica y formación.

Por eso, ser un agente de cambio no es un título bonito. Es, ante todo, un compromiso diario con tres prácticas concretas:

  1. Formarte en valores y principios, no solo en técnicas de liderazgo.
  2. Exigirte una trayectoria coherente, tanto en lo profesional como en lo personal.
  3. Ver la dirección de un equipo, una comunidad o un proyecto como una vocación de servicio, no como un «vientre de alquiler» para tus ambiciones.                   

La historia nos da ejemplos de sobra. Tú decides si repetirlos o escribir un nuevo capítulo para tu entorno, tu organización y tu comunidad.

 

Como bien escribí al final de mi análisis original: «Eso es tarea de todos». Y en ERUNAC, estamos listos para asumirla.

¿Y tú?

 

Willia Saavedra Pesantes

Escritor de oficio, coach por convicción. Detrás de ERUNAC hay alguien que ha visto la cara y el revés de muchos, y eligió ayudar a otros a mirarse sin miedo.

📍 https://erunac.com | ✉️ contacto@erunac.com

 

Fuentes académicas que respaldan este artículo.

https://www.todo-argentina.net/historia/civmil/videla/index.html

https://rio.upo.es/xmlui/bitstream/handle/10433/5702/colladocampa%C3%B1atesis-17-18.pdf

https://www.significados.com/caracteristicas-de-la-dictadura

https://www.sciencespo.fr/mass-violence-war-massacreresistance/fr/node/2943.html

http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-252X2009000200003

https://journals.openedition.org/alhim/8210

http://www.pensamientocritico.org/antant1216.pdf

https://www.revcienciapolitica.com.ar/num8art1.php

http://200.41.82.22/bitstream/10469/4113/1/RFLACSO-ED73-04-Leiras.pdf

http://200.41.82.22/bitstream/10469/4112/1/RFLACSO-ED73-05-Ortiz.pdf

https://www.esan.edu.pe/apuntes-empresariales/2016/03/liderazgo-politico-construccion-de-marca

https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S018519181630040X

http://erevistas.saber.ula.ve/index.php/Disertaciones/article/view/33/37

https://www.elidealgallego.com/opinion/enriquesantin/ideasidealespolitica/20150725033037251098.html

https://www.clarin.com/ultimomomento/chavezrelacionmedioscomunicacion_0_HyOX3JFR6Fe.html